El banco de los bancos centrales dice que la inversión en IA ya no se paga con ganancias sino con deuda, y explica por qué eso llega hasta su bolsillo
Pablo Hernández de Cos, gerente general del BIS, habló en Mumbai el 10 de septiembre. Los titulares se quedaron con «la IA amenaza la estabilidad financiera». El discurso dice algo más incómodo y más útil: que la plata sale de deuda y de crédito privado opaco, que los hogares tienen hoy más ahorro en acciones que antes, y que el desplazamiento laboral real hasta ahora ha sido limitado.
Hay un detalle que conviene aclarar antes de entrar en materia, porque cambia el peso de lo que sigue. El Banco de Pagos Internacionales, el BIS, no es un banco donde usted pueda abrir una cuenta. Es la institución donde se sientan los bancos centrales del mundo a hablar entre ellos. Cuando su gerente general se para en un escenario y dice que algo le preocupa, no está opinando: está poniendo un tema en la agenda de las personas que fijan la tasa de interés de su crédito.
Eso pasó el 10 de septiembre en Mumbai. Y lo que dijo Pablo Hernández de Cos no fue lo que titularon los cables.
Lo que se tituló y lo que dice el documento
La versión que circuló, en inglés y en español, fue alguna variante de «el auge de la IA amenaza la estabilidad financiera» (DiarioBitcoin). Es cierto y es inútil: no dice de qué está hecha la amenaza.
Abrimos el discurso completo. La frase que importa es esta, textual: «Increasingly, the AI investment boom is financed not by earnings but through debt and, notably, through private credit» (BIS). Traducido sin adornos: los centros de datos, los chips y la energía que consume esta industria se están pagando cada vez menos con las utilidades que las empresas generan, y cada vez más con plata prestada. Y una parte importante de esa plata prestada no viene de la banca vigilada, sino del crédito privado, que es el nombre elegante de los fondos que prestan por fuera del sistema bancario y no publican lo que tienen.
El propio discurso lo dice sin eufemismo: «Much of this financing is also opaque and interconnected» (BIS).
Hay una segunda corrección que hacerle a la cobertura, más técnica pero necesaria. Reuters presentó el billón de dólares de gasto como una estimación del BIS (Reuters). No lo es del todo. El discurso enuncia ese billón como gasto ya comprometido: «The five largest big tech companies alone are set to spend over a trillion dollars on AI-related capital expenditure between 2025 and 2026». La cifra que sí es de terceros es la otra, la de largo plazo, y el BIS la atribuye explícitamente a los participantes de la industria: pasar de unos 500.000 millones de dólares hoy a entre 3 y 4 billones en 2030 (BIS). No es un detalle de pedantería. Una cifra de gasto comprometido y una proyección de la propia industria interesada no valen lo mismo, y cuando se mezclan queda un número que nadie firma.
La parte circular, que es la que da miedo de verdad
El párrafo más interesante del discurso describe cómo se mueve el dinero dentro de esta industria. Los fabricantes de chips y los grandes operadores de nube toman participaciones en empresas de inteligencia artificial, y esas mismas empresas se comprometen a comprarles chips y capacidad de cómputo. El resultado, en palabras del BIS, es que quedan «linking these players in ways that are difficult to observe and, at times, difficult to value» (BIS).
Piénselo con un ejemplo casero. Usted le presta un millón a su primo para que le compre la moto que usted vende. Su primo le paga la moto con ese millón. En los libros de los dos aparece una venta y una compra. En la calle no entró un peso nuevo. Ninguno de los dos mintió, pero si alguien mira solo los libros va a concluir que hay un negocio en marcha donde en realidad hay un círculo. Cuando eso se hace con miles de millones de dólares y con contratos de cómputo a varios años, el círculo es difícil de ver desde afuera. Es exactamente lo que el BIS está señalando.
A eso se suma la concentración: «Equity valuations are elevated and increasingly concentrated among a small number of firms at the core of AI development» (BIS). Pocas empresas, muy valoradas, financiadas con deuda que en buena parte no se ve.
Por qué esto sí es asunto suyo
Aquí está la frase que ningún titular usó, y es la única que conecta el discurso con la vida de un lector en Bogotá, en Ciudad de México o en Buenos Aires: «Households now hold more wealth in equities, so a sharp repricing could pass through more forcefully to consumption» (BIS).
Los hogares tienen hoy más patrimonio en acciones que antes. Por lo tanto, una caída fuerte de precios se traslada al consumo con más fuerza que en ciclos anteriores. No hace falta que usted tenga una cuenta de bolsa para estar dentro de esa frase: si usted cotiza a un fondo de pensiones, una parte de su ahorro está invertida afuera, y una parte de eso está en las mismas acciones tecnológicas que el BIS describe como elevadas y concentradas.
Aquí somos explícitos con lo que no podemos afirmar. Cuánto exactamente del ahorro pensional colombiano, mexicano o argentino está expuesto a esas acciones no lo publicamos hoy, porque exige el detalle de portafolio de la Superintendencia Financiera, de la CONSAR y de la Superintendencia argentina, y esos documentos no los abrimos para esta pieza. Preferimos decirlo así antes que soltar un porcentaje de adorno. Queda como pregunta abierta, y vamos a buscarla.
El desplazamiento laboral: lo que el BIS sí dijo
Esta es la corrección más grande de la semana, y va en contra del ruido general.
Sobre empleo, el discurso es prudente hasta el punto de sonar aburrido: «So far, actual displacement has been limited» (BIS). El desplazamiento real, hasta ahora, ha sido limitado. Enseguida matiza que sí hay señales tempranas en tareas concretas — atención al cliente, programación y trabajo administrativo — y que cerca del 80% de las empresas menciona planes de automatizar procesos y sustituir mano de obra (BIS).
Note la diferencia entre las dos cosas. Lo que está pasando: poco. Lo que las empresas dicen que planean: mucho. Son afirmaciones de naturaleza distinta y conviven en el mismo párrafo. Cualquiera que le cite ese 80% como si fuera empleo ya perdido está saltando de una a otra.
Sirve de contrapeso una cifra que apareció en la misma semana en la discusión argentina: la Organización Internacional del Trabajo sitúa en 3,3% la proporción del empleo mundial con exposición alta a la IA generativa (IADE). Cuando usted lea un porcentaje enorme de empleos «expuestos», compárelo con ese 3,3% y pregunte qué está midiendo cada uno.
El párrafo latinoamericano que el BIS escribió y nadie recogió
El discurso tiene un pasaje dedicado a las economías con sector informal grande. Dice que en esas economías los trabajadores informales pueden sufrir desplazamiento cuando la inteligencia artificial se adopta en tareas administrativas y de servicios orientadas al cliente, y que son justamente los que tienen menos protección social y menos acceso a formación (BIS).
Eso describe a la región sin nombrarla. El call center, la digitación, la recepción, la gestión de cobranza: es el empleo de servicios que en Colombia, México y Argentina absorbe a mucha gente sin contrato estable. El BIS no dice que vaya a desaparecer. Dice que si algo se mueve ahí, se mueve donde no hay colchón.
Lo que le sirve a usted de este discurso
Tres cosas, en orden de utilidad.
La primera es una pregunta para hacerle a su fondo de pensiones: qué parte del portafolio está en acciones tecnológicas estadounidenses. Es información que usted tiene derecho a pedir y que casi nadie pide.
La segunda es una regla de lectura. Cada vez que le presenten una cifra gigantesca de inversión en inteligencia artificial, pregunte de dónde sale la plata. Si la respuesta es utilidades, es una industria que se paga a sí misma. Si la respuesta es deuda y crédito privado, es una industria que depende de que alguien siga prestándole. El BIS acaba de decir cuál de las dos es.
La tercera es paciencia con los titulares de empleo. La institución más conservadora del sistema financiero mundial dijo esta semana que el desplazamiento real, por ahora, ha sido limitado. Quien le venda urgencia con esto tiene algo que venderle.